ago 312011
 

Siempre que hablo con personas de mi entorno relacionadas con el agilismo, salen temas como interés por la mejora, compromiso, transparencia, motivación, relación con el cliente y todas esas cosas que “molan”. Pero nunca oigo hablar de dinero. Cuando intento tocar el tema, soy el bicho raro.  Pero insisto ¡tenemos que hablar de dinero!

Show me the moneyEstas mismas personas, desde sus trincheras, están haciendo todo lo posible para la implantación de la filosofía del agilismo en su equipo, en su empresa, en cualquier sitio donde estén. Este esfuerzo es grande, es lo que tiene intentar cambiar las cosas. En ese camino siempre “chocamos” con los jefes, con nuestras empresas, con los clientes, con todos esos “seres” que no saben cómo va “esto del desarrollo de software”.

Casi todos trabajamos a cambio de dinero, la empresa existe porque unos señores ganan dinero, los clientes quieren algo que les aporte valor a cambio de su dinero. ¿Entonces cómo no vamos a hablar de dinero, de costes, de retorno de inversión? No es simplificar las cosas, es hablar a cada uno sobre lo que le interesa, así nos entenderemos mejor.

En una reunión de Agile Spain Zona Norte alguien preguntó: ¿Cómo le explico a mi jefe que por aplicar TDD ahora tardamos más en desarrollar y que el presupuesto del proyecto se dispara? Noooo, si le explicamos eso a nuestro jefe no nos dejará hacer TDD en la vida, no nos dejará instalar un servidor de integración continua, no nos dejará sentarnos a programar en pareja, así no podremos iniciar el asalto al cambio. Pero más me preocupa que nosotros mismos no nos demos cuenta de que el esfuerzo también es para tardar menos, para ser más productivos, en definitiva para generar más beneficios.

La implantación del agilismo trae consigo la inversión de recursos y de tiempo, por eso me parece justo que expliquemos lo que cada parte obtiene a cambio. Tenemos que intentar generar la confianza necesaria, conseguir esos apoyos, con casos de éxito de otras compañías, con datos, con medidas antes y después de la introducción de determinadas prácticas. Por ejemplo:

  • ¿Cuanto tardamos en liberar una versión para el cliente desde que tenemos integración continua? ¿Y cuanto tardábamos antes?
  • ¿Cuantas incidencias se registraban en el producto final antes y después de integrar las pruebas en el proceso de desarrollo? ¿Cuanto tardábamos en cerrar realmente un proyecto?

Para lograr estos resultados, es muy importante la forma de gestionar este cambio, ya sea con un enfoque Bottom-up o Top-Down, desde las trincheras o desde un despacho, hay que escoger adecuadamente:

  • El momento oportuno para dar cada paso, para aplicar cada nueva práctica o mejora.
  • El proyecto.
  • El cliente a involucrar.
  • Fundamental, el equipo correcto, las personas que quieran apostar por ese cambio y que quieran actuar como agentes del mismo.
  • Y, si es posible, un buen coach.

Y sobre todo hay que medir resultados, analizarlos para mejorar y calcular los beneficios.

Con esos datos en la mano, hablando de ellos, será un poco más fácil convencer, sumar.

¿Hablamos de dinero?

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