oct 052011
 

Vas de viaje con tu flamante coche de dos añitos, modelo vxk15. De repente un fallo, te da tiempo justo a salir de la autopista y llegar al taller del pueblo más cercano. Le cuentas al mecánico lo que te pasa y te responde:

¿Un fallo en el vxk15? No, que va, ya no lo puedo mirar, vas a tener que comprarte el vxk17, el modelo de este año. Tu modelo ya no tiene soporte.

¡Vaya tontería! ¿verdad? Pues de “este negocio” viven unas cuantas empresas en el mundo IT.

Que levante la mano el que use alguna característica de MS Word que no estuviera ya incluida en la versión del año 1995. Seguro vais a ser poquísimos. Y suponiendo que las paguéis (que igual tampoco hay muchos), ¿Cuánto os habéis gastado en cada cambio de versión de MS Office? ¿Cuánto se gastan las empresas, las administraciones públicas?

Hablando de algo más cercano,  en mi entorno, ¿cuántas migraciones hemos hecho de una misma aplicación cada vez que cambia la versión del servidor de aplicaciones y se deja de dar soporte a la anterior? ¿Y hemos aportado algún valor al cliente? Pues no, incluso podemos oír: “me han cambiado de versión y ahora va peor que antes, y total, hace lo mismo”. En estos casos siento que les estamos tomando el pelo.

Algún comercial de la vieja escuela me querrá linchar, pero como profesional no me gusta cuando hacemos esto.  Tampoco estoy para nada en contra de las nuevas versiones, faltaría más, pero cada nueva versión del producto “el que sea” tiene que aportar valor, dar algo nuevo por lo que el cliente quiera pagar. ¿No os parece?